Oscuridad en el movimiento perpetuo

Nos encontramos en la misma playa ante el mismo océano poderoso. Ahí está… in perpetuum. Tanto en un capullo roto, en el estruendo de una catarata, en la caída en picada de un ave sobre una carroña, como en la atronadora artillería del profeta. Nos movemos con los ojos cerrados y los oídos tapados: derribamos muros en los que hay puertas que esperan ser abiertas al tacto; buscamos a tientas escaleras, olvidando que tenemos alas; rezamos como si Dios estuviera sordo y ciego, como si estuviese en un espacio. No es de extrañar que no reconozcamos a los ángeles que andan entre nosotros.

Henry Miller